TUC DE MOLIERES (3.010 m.) 4/5 Poco a poco, paso a paso fui entrando en un mar de rocas pulidas por el avance de antiguos glaciares que sin duda limaron las asperezas del granito y la caliza. Allí se puede comprobar la fuerza y la presión del hielo milenario que ha ido desgastando sin solución la superficie rocosa hasta dejarla tal y como la vemos ahora y constatar cómo los glaciares perpetuos están desapareciendo de estas montañas. El paisaje es realmente estremecedor, en cualquier momento podría aparecer la proa de un barco fantasma que cruzara estas inmensidades desoladas. La ascensión continúa sin sobresaltos y ya en breve tiempo el tamaño de los bloques obliga a usar las manos para progresar sin dificultad. Aquí ya no hay hitos y si los hay son difíciles de distinguir entre el terrible caos que me envuelve. Y así, un paso tras otro, me hallo en la cima donde saboreo el panorama, y qué panorama. Desde la cumbre, rematada por una torreta de rocas y por una cruz de hierro, puedo divisar todo el macizo de los Montes Malditos. Veo ante mí el Pico Russell, el Margalida, el Tempestades y su tétrica brecha, la Espalda y el Pico de Aneto con su patético glaciar, los Maladetas y los Portillones, detrás y un poco más abajo, distingo los Picos de Salvaguardia y de la Mina. Lejanos reconozco el Midi de Bigorre y el colosal macizo de Posets. Frente a mí se eleva, contorneándose como el lomo de una serpiente, la prestigiosa Cresta de Salenques. Si me doy la vuelta, mirando hacia el este y con fuerte sensación aérea se ven el valle de Molieres con sus estanhots (pequeños lagos) y un puntito de color vivo, el refugio metálico desde donde salí volando. Al fondo del valle puede apreciarse la boca sur del Túnel de Viella y un reguero de montañas que me apresuro a distinguir, gozando de mi soledad: Pico Montarto, Besiverris, Punta Alta, Colomers, Maubermé , Mont Valier y más lejos aún el macizo de la Pica d'Estats. Hacia la izquierda la cresta baja hasta el Coll de Molieres para seguir hacia Cap deth Horo, Turó de Tres Puntes y La Forcanada y hacia la derecha el Pico de Salenques y el Feixant de la Tallada. Cuantos placeres por tan módico precio. Decía el Conde Russell que el Molieres tendría que ser el pico por excelencia de los montañeros tímidos o delicados y que hasta un asno subiría con tal que tuviera un poco de amor propio.
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