martes, enero 23, 2007








PICO ORIENTAL DE CLARABIDE 3.012 metros. Estamos a mitad de verano de 2005 y me siento animado para acometer otra ascensión. Tras dudar entre Clarabides y Aragüells me decido por el primero. Hace tiempo que no visito el Valle de Estós y tengo buenos recuerdos de las varias veces que lo he recorrido. Con este propósito llamo al Refugio de Estós para reservar plaza para los días 26 y 27 de Julio. Quiero tomarmelo con calma y aprovechar para recorrer el valle en toda su longitud. Por suerte no tengo problemas con la reserva y el 26 salgo de casa a media mañana con la intención de llegar al refugio a buena hora. Hago una parada en un animado Benasque para tomar algo y pronto llego al Puente de San Chaime sobre el río Ésera donde cojo el desvío hacia el aparcamiento. En ese lugar existe una explanada que hace las veces de parking vigilado por un pastor. Decido dejar el coche en un recodo de la pista a 1.300 metros de altitud y me dispongo para la subida al refugio. Creo que no he empezado a andar a muy buena hora ya que el sol me aplasta contra el suelo y me hace sudar. Menos mal que al poco de andar, el camino cruza el Río Estós por la Palanca de L'Aiguacari y transcurre por zona sombreada. Alcanzo la cabaña de Santa Ana y poco más tarde L'Aigüeta de Batisielles donde me tumbo a la sombra a descansar, arrullado por el sonido del agua. El camino es muy concurrido tanto por montañeros como por turistas ya que es parte del GR-11. La subida hasta el refugio es una preciosa excursión apta para todas las edades. Si algo tiene de malo es que en cualquier momento tengas que apartarte para dejar paso a algún vehículo "autorizado". Reemprendo el camino que va subiendo sin descanso hasta alcanzar un mirador desde donde observo con pavor las profundas Gorgues Galantes. En este lugar se precipita el río Estós formando un barranco siniestro donde la espuma del agua lo envuelve todo. A pocos minutos se divisa el Llano de Turmo donde está ubicada la famosa cabaña del mismo nombre. Cuántos recuerdos, cuántas noches pasadas en su interior, en una época en la que no existía la masificación de ahora, cuando se podía compartir fuego y comida con los pastores. Por encima de este llano se yergue altiva y pesada la mole del Perdiguero que se eleva 1.500 metros sobre los pastos. Me entretengo un buen rato inmerso en mis ensoñaciones hasta que el mugido de una vaca me devuelve a la realidad. Atravieso el llano, cruzo el río y me dispongo a afrontar un tramo del camino que llaman "Rompechulos". Se trata de ganar altura en cortas y fuertes lazadas. Observo que hay una cuadrilla de operarios enlosando el camino y no me extrañaría que pronto pusieran farolas.
Una vez superado el "Rompechulos" ya diviso, un poco más elevado, mi destino de esta tarde: el Refugio de Estós a 1.890 metros. Llego sudado y resoplando. He tardado casi tres horas en subir. El guarda me indica la habitación y la litera que debo ocupar. El refugio no está lleno pero me comentan que por la noche sí lo estará.
Hacía mucho tiempo que no subía hasta aquí y lo veo todo muy cambiado. Hace algunos años fue destruido por un incendio y tuvieron que rehacerlo casi de nuevo. Tiene una zona habilitada donde dejar la mochila y las botas. El comedor es bastante acogedor. Mientras espero la hora de la cena me dedico a dar vueltas por la zona. La comida es muy abundante, al menos para mí. Nunca puedo acabar la comida que dan en los refugios. La calidad es normalita. No sé, creo que podrían esmerarse un poquito más vistos los precios, pero es lo que hay. De todas maneras hay gustos para todo, mucha gente encuentra la comida exquisita. Lo peor del refugio son los retretes. Están fuera del edificio y son insuficientes.
A las 5,30 de la mañana siguiente suena la alarma de mi móvil y despierto a todo el mundo. (desde aquí pido perdón a los afectados). El desayuno normalito y cuando empieza a amanecer me pongo en camino. Paso por detrás de los retretes y de una turbina y me voy dirigiendo hacia la Ball de Gías. Cuando la alcanzo enfilo barranco arriba siguiendo los hitos que tras sucesivos resaltes y mediante cornisas me sitúan en el rellano superior. Desde allí continúo hacia el Norte hasta alcanzar los Ibones Pequeños de Gías a 2.580 metros. Aquí empieza a darme el sol, cosa que agradezco. Por encima de mi cabeza veo la gigantesca mole del Seilh dera Baquo o Xel de la Baca de 3.110 metros en cuya base se vislumbra un pequeño glaciar. El llano donde se encuentran los ibones está tapizado de flores de bonitos colores que amenizan el esfuerzo. Continúo subiendo hasta alcanzar el Ibón Superior de Gías a 2.638 metros desde donde puedo ver con claridad y sobre mí el Pico de Gourgs Blancs y pegado a él la pirámide del Pico Jean Arlaud, ambos de altura considerable. También observo el Puerto de Gías a 2.900 metros que es hacia donde me dirijo y que separa el Pico de Clarabide de la Punta Lourde-Rocheblave. La pendiente es considerable y mantenida y como no hay nieve trascurre sobre piedras sueltas que dificultan la marcha. LLego al collado con la lengua fuera pero más cerca de mi objetivo. Al llegar a este punto la sensación es brutal. Como si hubieran abierto una puerta que permanecía cerrada, el viento arremete con fuerza contra los flancos de este collado subiendo desde las profundidades del Valle de Pouchergues en Francia. El frío no deja que me detenga en este punto y continúo mi ascensión. De momento no me he cruzado con nadie, aunque ayer durante la cena mis compañeros de mesa me dijeron que tenían el mismo objetivo. Tras superar la última pendiente un hito de piedras me dice que no puedo subir más. Estoy a 3.020 metros de altitud y el viento sopla con fuerza. Una enorme masa de nubes proveniente del lado francés empieza a tapar el sol y debo protegerme del frío que hace aquí arriba. Y es una lástima porque el panorama que se divisa invita a la contemplación. A pesar del frío disparo mi cámara con frenesí. Reconozco las montañas que me rodean y las saludo como si de viejas amigas se trataran. Hacia el S.O. se levanta majestuosa la tremenda mole del Pico de Posets o LLardana flanqueado por sus acólitos no menos espectaculares. Hacia el N. se elevan las puntas de los picos Gourdon, Belloc y Spijeoles. Hacia el E. la cresta se eleva hacia el Gourgs Blancs, el Cap i el Xel de la Baca, el Portillón de Oô y el Perdiguero por encima de todos. En la lejanía observo la afilada pirámide del Gran Bachimala o Pico Schrader. A mis pies y muy abajo el Valle de Estós se hunde en sus verdes profundidades. El frío arrecia y aunque voy bien equipado decido iniciar el descenso. Las nubes han cubierto completamente el cielo y amenazan lluvia. Espero que me permitan llegar hasta el refugio. Voy bajando con tranquilidad. Pasito a pasito, mirando muy bien donde pongo los pies. Cuando alcanzo la cubeta donde está el Ibón Superior me encuentro con mis compañeros de cena. Me dicen que han salido tarde y que se quedan en este lugar, sembrado de grandes bloques, para practicar boulder. Me despido de ellos y prosigo mi camino. Sin contratiempos llego al refugio donde saboreo una fría cerveza. He tardado ocho horas y cuarenta minutos y me doy por satisfecho. Paso la tarde holgazaneando, leyendo y conversando con gente que conozco, hasta la hora de la cena. Duermo como un tronco hasta las 8 de la mañana del siguiente día. Esta noche ha habido tormenta y todavía está chispeando. Me espero a que escampe y voy bajando, sin prisas, hasta el coche. Una muy bonita ascensión y un hermosísimo valle que espero volver a visitar.

miércoles, noviembre 22, 2006







PICO DE LA ROBIÑERA (3.003 metros) A veces pienso que la mayoría de las cosas suceden sin que puedas hacer nada por impedirlo. Una de esas cosas era que subiera a esta montaña. Ya hacía tiempo que la tenía en mente, no por su altitud ni por su importancia pues está considerada una cima secundaria del macizo de La Munia, si no más bien por su aspecto y su previsible soledad. En todas las reseñas que había consultado se podía entreleer que la ascensión no iba a ser, ni mucho menos, multitudinaria. Es esta una montaña poco conocida pero que, debido a su estrátegica situación, ofrece uno panoramas bellísimos. El Conde Russell, a quien nunca me cansaré de citar, realizó su primera ascensión en Agosto del año 1878 guiado por el no menos célebre Calestin Passet. Subieron por la cara oeste, teniendo que atravesar una zona de pizarras afiladas llamadas loseras, de ahí viene el nombre que le dan los franceses, Pic de Louseras.
Con el fin de emular a Russell salí de casa el 04 de Septiembre de 2006 para llegar al Valle de Pineta con el propósito de pasar la noche en el Refugio del mismo nombre. No había hecho reserva porque por esas fechas no esperaba encontrar a mucha gente. Al registrarme en el Refugio me comunica el guarda que puedo elegir litera ya que no esperan a nadie más. Para hacer un poco tiempo esperando la cena me voy paseando hasta cerca del Parador Nacional donde una barrera cierra al paso de vehículos de los que no son huéspedes del hotel. Existe un parking al otro lado del río en el que hay varios coches y furgonetas. Recuerdo la primera vez que estuve aquí en noviembre del 71, cuando hicimos un intento a la Cara Norte del Monte Perdido que casi acaba en tragedia. Tuvimos un accidente mientras superábamos la primera cascada de séracs con el resultado de un herido. En aquella epoca no existían todavía los móviles para poder pedir auxilio y recuerdo especialmente duro el descenso desde el Balcón de Pineta hasta el coche. Ahora, después de tanto tiempo, me parece todo un sueño del que guardo momentos imborrables. Tras pasear un buen rato me dirijo de nuevo al refugio donde me espera una cena muy abundante. No tardo en acostarme, mañana quiero madrugar.
A las seis me estoy preparando. El refugio es de lujo con agua caliente y calefacción. A los pocos minutos ya estoy desayunando y todavía no ha amanecido cuando abandono el refugio para descender hasta Bielsa y de allí por la carretera de Francia llegar cerca de la gasolinera de Parzán donde cojo el desvio hasta Chisagüés. Atravieso el pueblo y la estrecha carretera se convierte en pista en bastante buen estado que me permite llegar sin problemas hasta una borda, Casa San Quilez, donde hay una era donde puedo dejar el coche. La pista sigue todavía unos dos kilometros pero es aconsejable solamente para vehículos que no sean muy bajos. En cualquier caso opto por aparcar en este lugar. Cuando llego hay otro coche y un chico que se está calzando. Tras los saludos de rigor resulta que tenemos el mismo objetivo. Como lo veo mucho más joven pienso que irá más rápido y le digo que voy tirando y que ya me alcanzará. Así que empiezo lentamente a caminar por la pista que me conducirá a inicio del Barranco de Pietramula. Mientras voy caminando me van saludando los silbos de las marmotas que en este lugar son abundantes. El rio Real discurre sin mucha fuerza y lejano por el fondo del valle. Una vez cerca del Barranco veo la carecterística curva en donde empiezan los hitos que me conducirán por pendiente pronunciada hasta cerca del Collado de las Puertas, paso natural hacia los Ibones de la Munia y los llanos de La Larri. A mi izquierda me maravillo con la imponente silueta del Pico de Comodoto y las laderas del Pico de Pietramula o Sobrestiba. Enfilo el camino que discurre a la izquierda del Clot dels Gavatxos, lugar que no me inspira ninguna alegría y al que, voluntariamente, no me gustaría acceder. Sin más dilación alcanzo la cota 2.500 punto desde el que puedo "disfrutar" de la implacable pendiente pedregosa de la Cara Sur del Pico de Robiñera. En este punto abandono el camino que sigue hacia el Collado de las Puertas y tras cruzar el barranco que desciende del citado collado empiezo a encaramarme hacia mi objetivo. Tras superar pequeñas dificultades y rezando para que no haya ningún desprendimiento alcanzo la que me parece interminable cuesta de cascajo que no abandonaré hasta la antecima. Existen tal cantidad de hitos, o eso me parece, que opto por no seguir ninguno y dejarme conducir por mi intuición. Me da la impresión que cuanto más camino más lejos está la arista que creo que me llevará a la cumbre. De pronto y a unos quinientos metros por encima de mi posición veo aparecer la silueta de otro pobre desgraciado que, a juzgar por la velocidad, tampoco lo está pasando muy bien. Al rato desaparece de mi vista y me encuentro de nuevo solo en este inmenso caos de piedra suelta. Unos cuantos pasos más y sin pensar en lo que me falta por coronar alcanzo un muro que debo sortear por la izquierda. En este punto debo guardar los bastones, ya que si hasta aquí me han ayudado ahora podrían ser un estorbo. La vista es sobrecogedora. A mis pies y a varios centenares de metros aparecen los Ibones de La Munia. Me da la impresión que podría ponerme a volar desde este punto. Me concentro en lo que estoy haciendo y desemboco en la antecima rayando los 3000 metros. Desde allí veo que la cumbre propiamente dicha se encuentra a unos doscientos metros casi horizontales y en la que se encuentra mi misterioso acompañante. Para llegar a la cima debo atravesar una cresta surcada por vertiginosas canales que no me ofrecen una dificultad especial. Al llegar arriba me encuentro con la persona que había saludado en el parking. Me entretengo un buen rato para fotografiar todo lo que puedo ver. La vista que ofrece este modesto y desconocido tresmil es impresionante, destancando la vertiente norte de las Tres Sorores, es decir: El Soum de Ramond o Pico de Añisclo, El Monte Perdido y el Cilindro de Marboré y las magníficas cumbres que se elevan por encima del Circo de Pineta. Casi a tiro de piedra y hacia el Norte emerge el Pico de La Munia cuyas laderas se hunden en el profundo Circo de Barrosa en el que intento distinguir el Hospital de Parzán. Al Oeste y por debajo de mi posición veo el Chinipró, el Petramula y el Comodoto. Hacia el Noroeste aparece la fantasmagórica Peña Blanca y por detrás el Circo de Troumouse. Aquí arriba el tiempo corre de otra manera y mi desconocido compañero me dice que va a iniciar el descenso. Me parece una idea sensata hacerlo juntos y al rato ya hemos llegado al inicio de la cresta somital. Una vez allí me percato de lo escarpada que es la ladera por la que he subido y no deseando sufrir ningún resbalón adapto el paso a mis rodillas. En este punto mi compañero decide adaptar un paso más ligero por lo que optamos por desearnos suerte y despedirnos. Durante el descenso suelo pasarlo físicamente peor que durante la subida. La abundancia de hitos en medio del caos de piedras por el que paso hace difícil seguir el camino correcto y en más de una ocasión tengo que rectificar. Sin más problemas llego de nuevo al pie de la ladera Sur y pronto alcanzo el camino bien marcado del Collado de Las Puertas.

El calor empieza a hacer mella en mi cuerpo y el agua que llevo comienza a escasear. Espero llegar cuanto antes al fondo del barranco del Clot dels Gavatxos donde esta mañana he visto que bajaba agua. Cuando llego al torrente me percato de que el agua no tiene buena pinta y sensatamente opto por abstenerme de beber. Este ha sido un verano muy seco a lo que se ha juntado el prematuro deshielo de los glaciares y canchales, motivo por el que los torrentes estén secos o contaminados por el ganado. Cuando alcanzo el Puente de Petramula un montañero francés se ofrece a llevarme en coche hasta la borda donde he dejado el mío. Acepto de buen grado. Llego al coche y ya me estoy imaginando la jarra de cerveza fría que me tomaré en la gasolinera de Parzán.

martes, octubre 24, 2006

PIC DE CAMPBIEIL (3.173 m.) 3/3 Al comenzar el descenso veo subir un grupo de cuatro peleandose con el cascajo. Voy bajando despacio ya que a cada paso que doy desplazo una tonelada de piedras que caprichosamente se acercan al grupo. Bonjour, ça va? Con cuatro zancadas alcanzo el collado donde aprovecho, ya que no hay viento, para tomar el sol y relajarme. Desde este punto veo todo el camino que me falta por recorrer y recuerdo la advertencia que leí, no sé donde, de alguien que a partir de este punto erró el camino y tuvo problemas para recuperarlo. Tengo que descender teniendo siempre a mi derecha el torrente que baja de los neveros de la cara norte del Campbieil. El camino es ahora más concurrido. Me cruzo con gente justo en el sitio más empinado. Jadeantes, me preguntan por el nombre de las montañas que nos rodean. Mientras voy bajando veo , a lo lejos, un bloque de granito con la parte superior completamente plana. Allí me dirijo con el firme propósito de descansar y aprovechar para comer unas almendras que me quedan. El silencio, solo el tenue murmullo del torrente rompe la quietud del lugar, un sol radiante y una temperatura muy agradable son los ingredientes que me arrullan y consiguen que casi me duerma, pero pronto me despierta un nuevo Bonjour! Cargo de nuevo con la mochila y reanudo el camino que a partir de aquí se hace más duro. Se trata, como en la subida, de atravesar todo el Lac de Cap de Long por un camino que zigzaguea, sube y baja y vuelve a subir. A mitad de trayecto ya se empieza a ver la presa y eso da ánimos para seguir a causa de la proximidad del parking. Me cruzo aún con una familia que me preguntan a donde lleva este camino. Hay gente que no le teme a nada. Cuando llego, el parking está completo, las terrazas de los chiringuitos atiborradas de turistas tostándose al sol. Aprovecho la facilidad para tomarme una merecida cerveza. Son las 3 de la tarde. He tardado 8 horas entre subir y bajar. Estoy cansado pero muy satisfecho. Au revoir!

PIC DE CAMPBIEIL (3.173 m.) 2/3 El viento que sopla en la cumbre acentúa la sensación de frío y obliga a protegerme. Aquí tampoco hay nadie, lo que hace que sienta buenas vibraciones. La cima está rematada por un gran hito de piedras (cairn) ofreciendo unas vistas espectaculares y aéreas. Unas canales vertiginosas caen más de 1.300 metros sobre la estación de esquí de Piau-Engaly y hacen que me tiemblen las piernas solo de pensar como sería bajar por ahí. Empiezo a acribillar el panorama con mi cámara fotográfica. Hacia el Sur aparecen las cumbres del Circo de Barrosa con los picos de La Munia, Heid, Troumouse, Robiñera, Sierra Morena... Hacia el Oeste el colosal macizo de las Tres Sorores, con Soum de Ramond o Pico de Añisclo, Monte Perdido y Cilindro de Marboré. Siguiendo el rosario de cumbres por encima de los 3.000 metros, el Pico y la Torre de Marboré, los tres Picos de la Cascada, el Casco de Marboré, la Brecha de Roland, el Taillon y los dos Gabietous señoreando el valle de Gavarnie. Hacia el Norte aparecen los Picos Maou, Badet y Long, montañas que parecen oxidadas y que dominan la Hourquette y el Gourg de Cap de Long. En la lejanía observo el macizo de Vignemale y el bellísimo glaciar suspendido de Ossoue. Más cerca y muy por encima del lago de Cap de Long me entretengo con la magnífica vista de los picos Trois Conseillers, Turon, Neouvielle y Ramoun y hacia el Este la cresta cimera desciende afilada hacia los picos de Estaragne y Mechant. Al cabo de un rato de estar en la cumbre llega un montañero francés, también solo, con quien intercambio unas palabras y nos hacemos una foto. Siento mucho frío y me preparo para el descenso.

lunes, octubre 23, 2006


PIC DE CAMPBIEIL (3.173 m.) 1/3 Tras haber ascendido al Pic de Neouvielle en Junio de 2005 me propuse conocer un poco más la zona de la Vallée d'Aure en el Parc National des Pyrénées. La vía más rápida para acceder a este valle desde España es a través del Túnel de Bielsa. Una vez atravesado el túnel, seguimos la carretera hasta llegar a un pueblo llamado Fabian. A nuestra izquierda arranca una carretera de montaña que nos conduce, sin posibilidad de pérdida, hacia los lagos de Aubert, Aumar, Oredon y Cap de Long en la Reserva Natural de Neouvielle. Esta es una zona muy concurrida por los franceses en epoca estival. El Pic de Campbieil es una montaña de grandes proporciones y que, como todos los picos de 3000 metros, requiere esfuerzo físico y ligereza de ánimo. No puede considerarse una ascensión difícil pero hay que salvar un considerable desnivel y moverse con soltura por terreno de alta montaña, además el camino de regreso puede resultar un poco largo. Salgo de casa el 10 de Agosto de 2006 con el propósito de vivaquear en las inmediaciones de la presa del Lac de Cap de Long. El pronóstico metereológico es bueno para los tres días siguientes. Conforme voy llegando al valle voy cambiando de opinión y pruebo suerte en el Refugio Chalet du Lac d' Oredón. Al estar en pleno Agosto pienso que no encontraré sitio pero por fortuna pueden acomodarme con facilidad. Este refugio, como su nombre indica, está situado muy cerca del Lac d'Oredon. En verano hay una barrera que regula el paso de vehículos por la carretera que accede a los lagos Aumar y Aubert. En esta epoca es obligatorio dejar el coche en un parking de pago y continuar a pie o bien utilizar un servicio público de transporte. Un ramal de esta carretera acerca al refugio. El trato es muy cordial y la cena sabrosa y abundante. Las habitaciones son de 8/10 plazas en literas con mantas y almohadas. Los baños, con agua caliente, estan en el pasillo. Los precios son similares a todos los refugios de ambos lados de los Pirineos. Alojamiento, media pensión con una botella pequeña de vino tinto y una cerveza me cuesta 31 euros. Hacen un pequeño descuento a federados.
A las seis de la mañana del día siguiente suena el despertador y pronto me reuno con otras personas en el comedor para el copioso desayuno. Al cabo de una hora abandono el coche en el parking de la monstruosa presa del Lac de Cap de Long en la cota 2.161 metros. El itinerario empieza atravesando una avalancha de piedras enormes que cayó sobre una zona en la que, no hace mucho tiempo, se podía aparcar y pronto se convierte en camino balizado. En este tramo intercambio un saludo con cuatro personas que se dirigen al Pic Long. Tras varias subidas y bajadas llego a la cabecera del lago dominado por las moles graníticas de los picos Ramoun, Neouvielle, Tres Conseillers y Turon de Neouvielle. He caminado casi una hora y no he ganado desnivel. Una vez llegados a esta zona el camino atraviesa una zona incómoda de bloques en la cota 2.179 metros. Ahora toca seguir el camino, más o menos visible, que conduce a un tramo de roca en la que es preciso ayudarse con las manos para progresar. Se trata de superar un escalón que te deposita en una cubeta glacial donde descubro un pequeño lago cubierto de flores que recuerdan el algodón. Tras pasar cerca de un pequeño lago llamado Gourg de Cap de Long, me sitúo ahora en la cota 2.591 metros. Siguiendo los hitos voy superando resaltes rocosos y me voy acercando a un collado llamado Hourquette de Cap de Long, por debajo de las pendientes de roca triturada de los picos Long, Badet y Maou. El collado se encuentra a una altitud de 2.902 metros. En este inhóspito lugar existen varios vivacs de fortuna. He perdido de vista a las cuatro personas que van al Pic Long y no veo a nadie por ninguna parte. Tengo la impresión de estar en otro planeta. El terreno que piso está formado por piedras trituradas de color ocre y donde no puedo ver ni una brizna de hierba. Parece la luna. Ante mí veo la huella de paso por donde tendré que subir hasta llegar a un collado por encima de los 3.000 metros. El ascenso por la cascajera es penoso. Dos pasos adelante, uno atrás. En poco tiempo alcanzo la antecima a 3.157 metros desde donde veo la cresta que me conducirá a la cumbre. Recorrer esta cresta no presenta ninguna dificultad, sin embargo con nieve se deben formar colosales cornisas. A los pocos minutos de seguir la cresta cimera desemboco en la cumbre del Pic de Campbieil a 3.173 metros. He empleado 3,30 horas en subir desde el parking y me digo a mi mismo que no está mal.

viernes, octubre 13, 2006

TUC DE MOLIERES (3.010 m.) 5/5 Tras un buen rato en la cima sin que nadie ni nada llegue a turbar la plenitud que siento, pienso ya en el momento que tendré que acometer el descenso hasta La Besurta. Recuerdo que alguien dijo que toda ascensión acaba cuando has llegado abajo. Y así lo hago. Encuentro muy raro que estando en pleno mes de Agosto y con el buen día que hace que, no me haya encontrado a nadie ni haya visto a nadie ascender a esta bella montaña, pero agradezco que así sea. La primera regla de seguridad para hacer montaña es no ir nunca solo. Lo sé perfectamente, pero la satisfacción que se experimenta al conseguir tu objetivo, el placer de decidir por tí mismo cuando parar o por donde ir solamente puedes sentirlo cuando vas solo. Para el descenso, en vez de pasar por el mismo sitio de subida, me dirijo hacia el collado que separa el Pic de Molieres del Pico de Salenques y pasando por debajo del Pico de Barrancs voy llegando a los Estanys de l'Escaleta, que a esta hora del día tienen otro color y donde veo agonizar un ventisquero. Cuando enfilo la Balleta de l'Escaleta empiezo a ver un grupo de gente que va subiendo. Al cruzarme con ellos me preguntan por lo que falta para llegar a los laguitos ya que van a comer allí con la familia. Desde un punto elevado puedo maravillarme del Pla d¡Aigualluts en todo su esplendor. En el llano se divisan grupos de gente tomando el sol disfrutando del lugar y del aire puro. Se ven tiendas de campaña de distintos colores plantadas en los pastos. Mucha gente en bañador, algunos hasta se atreven a mojarse en el torrente, que allí forma meandros. Parejitas de enamorados retozan sobre mantas extendidas sobre la hierba. Grupos de niños corretean y gritan. Todo muy bucólico. Voy siguiendo el claro camino que tras pasar junto a la cascada de Aigualluts me acercará al Forau, donde cientos de personas se apiñan para gozar del espectáculo. Tras saludar a diestro y siniestro llego a La Besurta donde cogeré el autobús de vuelta a Benasque. Mientras espero la llegada del transporte aprovecho para tomarme una cerveza que me sabe a gloria. He tardado más de 10 horas entre ida y vuelta, estoy cansado pero satisfecho de la ascensión.

martes, octubre 10, 2006

TUC DE MOLIERES (3.010 m.) 4/5 Poco a poco, paso a paso fui entrando en un mar de rocas pulidas por el avance de antiguos glaciares que sin duda limaron las asperezas del granito y la caliza. Allí se puede comprobar la fuerza y la presión del hielo milenario que ha ido desgastando sin solución la superficie rocosa hasta dejarla tal y como la vemos ahora y constatar cómo los glaciares perpetuos están desapareciendo de estas montañas. El paisaje es realmente estremecedor, en cualquier momento podría aparecer la proa de un barco fantasma que cruzara estas inmensidades desoladas. La ascensión continúa sin sobresaltos y ya en breve tiempo el tamaño de los bloques obliga a usar las manos para progresar sin dificultad. Aquí ya no hay hitos y si los hay son difíciles de distinguir entre el terrible caos que me envuelve. Y así, un paso tras otro, me hallo en la cima donde saboreo el panorama, y qué panorama. Desde la cumbre, rematada por una torreta de rocas y por una cruz de hierro, puedo divisar todo el macizo de los Montes Malditos. Veo ante mí el Pico Russell, el Margalida, el Tempestades y su tétrica brecha, la Espalda y el Pico de Aneto con su patético glaciar, los Maladetas y los Portillones, detrás y un poco más abajo, distingo los Picos de Salvaguardia y de la Mina. Lejanos reconozco el Midi de Bigorre y el colosal macizo de Posets. Frente a mí se eleva, contorneándose como el lomo de una serpiente, la prestigiosa Cresta de Salenques. Si me doy la vuelta, mirando hacia el este y con fuerte sensación aérea se ven el valle de Molieres con sus estanhots (pequeños lagos) y un puntito de color vivo, el refugio metálico desde donde salí volando. Al fondo del valle puede apreciarse la boca sur del Túnel de Viella y un reguero de montañas que me apresuro a distinguir, gozando de mi soledad: Pico Montarto, Besiverris, Punta Alta, Colomers, Maubermé , Mont Valier y más lejos aún el macizo de la Pica d'Estats. Hacia la izquierda la cresta baja hasta el Coll de Molieres para seguir hacia Cap deth Horo, Turó de Tres Puntes y La Forcanada y hacia la derecha el Pico de Salenques y el Feixant de la Tallada. Cuantos placeres por tan módico precio. Decía el Conde Russell que el Molieres tendría que ser el pico por excelencia de los montañeros tímidos o delicados y que hasta un asno subiría con tal que tuviera un poco de amor propio.

lunes, octubre 09, 2006

TUC DE MOLIERES (3.010 M.) 3/5


Inmerso en mis pensamientos empecé a notar en las piernas la inclinación del terreno por el que me movía. Pude ver frente a mí unos resaltes rocosos que tendría que superar y que el camino ya dejaba de ser apacible para entrar en terreno de alta montaña. Seguí los hitos, no abundantes pero suficientes, que me acercaron a unos gigantescos escalones por los que transcurría el torrente de frías aguas proveniente del Estany Alt de l'Escaleta, situado en la cota 2632 metros. Antes de llegar a este pequeño lago me alcanzó el sol, por lo que decidí que era un buen momento para desayunar. Allí noté el calorcillo reconfortante del sol de la mañana mientras dí cuenta de mi frugal desayuno. Me demoré en ese lugar encantado inventando nombres para las rocas que me rodeaban. La soledad hacía que todo lo que veía adquiriera en mi mente unas dimensiones distintas a la realidad. Todo me parecía enorme. Hasta el silencio parecía dominarlo todo. Tras esa parada seguí la subida y al poco rato ya pude divisar, lejana todavía, la cima del Tuc de Molieres.