PICO DE LA ROBIÑERA (3.003 metros) A veces pienso que la mayoría de las cosas suceden sin que puedas hacer nada por impedirlo. Una de esas cosas era que subiera a esta montaña. Ya hacía tiempo que la tenía en mente, no por su altitud ni por su importancia pues está considerada una cima secundaria del macizo de La Munia, si no más bien por su aspecto y su previsible soledad. En todas las reseñas que había consultado se podía entreleer que la ascensión no iba a ser, ni mucho menos, multitudinaria. Es esta una montaña poco conocida pero que, debido a su estrátegica situación, ofrece uno panoramas bellísimos. El Conde Russell, a quien nunca me cansaré de citar, realizó su primera ascensión en Agosto del año 1878 guiado por el no menos célebre Calestin Passet. Subieron por la cara oeste, teniendo que atravesar una zona de pizarras afiladas llamadas loseras, de ahí viene el nombre que le dan los franceses, Pic de Louseras.
Con el fin de emular a Russell salí de casa el 04 de Septiembre de 2006 para llegar al Valle de Pineta con el propósito de pasar la noche en el Refugio del mismo nombre. No había hecho reserva porque por esas fechas no esperaba encontrar a mucha gente. Al registrarme en el Refugio me comunica el guarda que puedo elegir litera ya que no esperan a nadie más. Para hacer un poco tiempo esperando la cena me voy paseando hasta cerca del Parador Nacional donde una barrera cierra al paso de vehículos de los que no son huéspedes del hotel. Existe un parking al otro lado del río en el que hay varios coches y furgonetas. Recuerdo la primera vez que estuve aquí en noviembre del 71, cuando hicimos un intento a la Cara Norte del Monte Perdido que casi acaba en tragedia. Tuvimos un accidente mientras superábamos la primera cascada de séracs con el resultado de un herido. En aquella epoca no existían todavía los móviles para poder pedir auxilio y recuerdo especialmente duro el descenso desde el Balcón de Pineta hasta el coche. Ahora, después de tanto tiempo, me parece todo un sueño del que guardo momentos imborrables. Tras pasear un buen rato me dirijo de nuevo al refugio donde me espera una cena muy abundante. No tardo en acostarme, mañana quiero madrugar.
A las seis me estoy preparando. El refugio es de lujo con agua caliente y calefacción. A los pocos minutos ya estoy desayunando y todavía no ha amanecido cuando abandono el refugio para descender hasta Bielsa y de allí por la carretera de Francia llegar cerca de la gasolinera de Parzán donde cojo el desvio hasta Chisagüés. Atravieso el pueblo y la estrecha carretera se convierte en pista en bastante buen estado que me permite llegar sin problemas hasta una borda, Casa San Quilez, donde hay una era donde puedo dejar el coche. La pista sigue todavía unos dos kilometros pero es aconsejable solamente para vehículos que no sean muy bajos. En cualquier caso opto por aparcar en este lugar. Cuando llego hay otro coche y un chico que se está calzando. Tras los saludos de rigor resulta que tenemos el mismo objetivo. Como lo veo mucho más joven pienso que irá más rápido y le digo que voy tirando y que ya me alcanzará. Así que empiezo lentamente a caminar por la pista que me conducirá a inicio del Barranco de Pietramula. Mientras voy caminando me van saludando los silbos de las marmotas que en este lugar son abundantes. El rio Real discurre sin mucha fuerza y lejano por el fondo del valle. Una vez cerca del Barranco veo la carecterística curva en donde empiezan los hitos que me conducirán por pendiente pronunciada hasta cerca del Collado de las Puertas, paso natural hacia los Ibones de la Munia y los llanos de La Larri. A mi izquierda me maravillo con la imponente silueta del Pico de Comodoto y las laderas del Pico de Pietramula o Sobrestiba. Enfilo el camino que discurre a la izquierda del Clot dels Gavatxos, lugar que no me inspira ninguna alegría y al que, voluntariamente, no me gustaría acceder. Sin más dilación alcanzo la cota 2.500 punto desde el que puedo "disfrutar" de la implacable pendiente pedregosa de la Cara Sur del Pico de Robiñera. En este punto abandono el camino que sigue hacia el Collado de las Puertas y tras cruzar el barranco que desciende del citado collado empiezo a encaramarme hacia mi objetivo. Tras superar pequeñas dificultades y rezando para que no haya ningún desprendimiento alcanzo la que me parece interminable cuesta de cascajo que no abandonaré hasta la antecima. Existen tal cantidad de hitos, o eso me parece, que opto por no seguir ninguno y dejarme conducir por mi intuición. Me da la impresión que cuanto más camino más lejos está la arista que creo que me llevará a la cumbre. De pronto y a unos quinientos metros por encima de mi posición veo aparecer la silueta de otro pobre desgraciado que, a juzgar por la velocidad, tampoco lo está pasando muy bien. Al rato desaparece de mi vista y me encuentro de nuevo solo en este inmenso caos de piedra suelta. Unos cuantos pasos más y sin pensar en lo que me falta por coronar alcanzo un muro que debo sortear por la izquierda. En este punto debo guardar los bastones, ya que si hasta aquí me han ayudado ahora podrían ser un estorbo. La vista es sobrecogedora. A mis pies y a varios centenares de metros aparecen los Ibones de La Munia. Me da la impresión que podría ponerme a volar desde este punto. Me concentro en lo que estoy haciendo y desemboco en la antecima rayando los 3000 metros. Desde allí veo que la cumbre propiamente dicha se encuentra a unos doscientos metros casi horizontales y en la que se encuentra mi misterioso acompañante. Para llegar a la cima debo atravesar una cresta surcada por vertiginosas canales que no me ofrecen una dificultad especial. Al llegar arriba me encuentro con la persona que había saludado en el parking. Me entretengo un buen rato para fotografiar todo lo que puedo ver. La vista que ofrece este modesto y desconocido tresmil es impresionante, destancando la vertiente norte de las Tres Sorores, es decir: El Soum de Ramond o Pico de Añisclo, El Monte Perdido y el Cilindro de Marboré y las magníficas cumbres que se elevan por encima del Circo de Pineta. Casi a tiro de piedra y hacia el Norte emerge el Pico de La Munia cuyas laderas se hunden en el profundo Circo de Barrosa en el que intento distinguir el Hospital de Parzán. Al Oeste y por debajo de mi posición veo el Chinipró, el Petramula y el Comodoto. Hacia el Noroeste aparece la fantasmagórica Peña Blanca y por detrás el Circo de Troumouse. Aquí arriba el tiempo corre de otra manera y mi desconocido compañero me dice que va a iniciar el descenso. Me parece una idea sensata hacerlo juntos y al rato ya hemos llegado al inicio de la cresta somital. Una vez allí me percato de lo escarpada que es la ladera por la que he subido y no deseando sufrir ningún resbalón adapto el paso a mis rodillas. En este punto mi compañero decide adaptar un paso más ligero por lo que optamos por desearnos suerte y despedirnos. Durante el descenso suelo pasarlo físicamente peor que durante la subida. La abundancia de hitos en medio del caos de piedras por el que paso hace difícil seguir el camino correcto y en más de una ocasión tengo que rectificar. Sin más problemas llego de nuevo al pie de la ladera Sur y pronto alcanzo el camino bien marcado del Collado de Las Puertas.
Con el fin de emular a Russell salí de casa el 04 de Septiembre de 2006 para llegar al Valle de Pineta con el propósito de pasar la noche en el Refugio del mismo nombre. No había hecho reserva porque por esas fechas no esperaba encontrar a mucha gente. Al registrarme en el Refugio me comunica el guarda que puedo elegir litera ya que no esperan a nadie más. Para hacer un poco tiempo esperando la cena me voy paseando hasta cerca del Parador Nacional donde una barrera cierra al paso de vehículos de los que no son huéspedes del hotel. Existe un parking al otro lado del río en el que hay varios coches y furgonetas. Recuerdo la primera vez que estuve aquí en noviembre del 71, cuando hicimos un intento a la Cara Norte del Monte Perdido que casi acaba en tragedia. Tuvimos un accidente mientras superábamos la primera cascada de séracs con el resultado de un herido. En aquella epoca no existían todavía los móviles para poder pedir auxilio y recuerdo especialmente duro el descenso desde el Balcón de Pineta hasta el coche. Ahora, después de tanto tiempo, me parece todo un sueño del que guardo momentos imborrables. Tras pasear un buen rato me dirijo de nuevo al refugio donde me espera una cena muy abundante. No tardo en acostarme, mañana quiero madrugar.
A las seis me estoy preparando. El refugio es de lujo con agua caliente y calefacción. A los pocos minutos ya estoy desayunando y todavía no ha amanecido cuando abandono el refugio para descender hasta Bielsa y de allí por la carretera de Francia llegar cerca de la gasolinera de Parzán donde cojo el desvio hasta Chisagüés. Atravieso el pueblo y la estrecha carretera se convierte en pista en bastante buen estado que me permite llegar sin problemas hasta una borda, Casa San Quilez, donde hay una era donde puedo dejar el coche. La pista sigue todavía unos dos kilometros pero es aconsejable solamente para vehículos que no sean muy bajos. En cualquier caso opto por aparcar en este lugar. Cuando llego hay otro coche y un chico que se está calzando. Tras los saludos de rigor resulta que tenemos el mismo objetivo. Como lo veo mucho más joven pienso que irá más rápido y le digo que voy tirando y que ya me alcanzará. Así que empiezo lentamente a caminar por la pista que me conducirá a inicio del Barranco de Pietramula. Mientras voy caminando me van saludando los silbos de las marmotas que en este lugar son abundantes. El rio Real discurre sin mucha fuerza y lejano por el fondo del valle. Una vez cerca del Barranco veo la carecterística curva en donde empiezan los hitos que me conducirán por pendiente pronunciada hasta cerca del Collado de las Puertas, paso natural hacia los Ibones de la Munia y los llanos de La Larri. A mi izquierda me maravillo con la imponente silueta del Pico de Comodoto y las laderas del Pico de Pietramula o Sobrestiba. Enfilo el camino que discurre a la izquierda del Clot dels Gavatxos, lugar que no me inspira ninguna alegría y al que, voluntariamente, no me gustaría acceder. Sin más dilación alcanzo la cota 2.500 punto desde el que puedo "disfrutar" de la implacable pendiente pedregosa de la Cara Sur del Pico de Robiñera. En este punto abandono el camino que sigue hacia el Collado de las Puertas y tras cruzar el barranco que desciende del citado collado empiezo a encaramarme hacia mi objetivo. Tras superar pequeñas dificultades y rezando para que no haya ningún desprendimiento alcanzo la que me parece interminable cuesta de cascajo que no abandonaré hasta la antecima. Existen tal cantidad de hitos, o eso me parece, que opto por no seguir ninguno y dejarme conducir por mi intuición. Me da la impresión que cuanto más camino más lejos está la arista que creo que me llevará a la cumbre. De pronto y a unos quinientos metros por encima de mi posición veo aparecer la silueta de otro pobre desgraciado que, a juzgar por la velocidad, tampoco lo está pasando muy bien. Al rato desaparece de mi vista y me encuentro de nuevo solo en este inmenso caos de piedra suelta. Unos cuantos pasos más y sin pensar en lo que me falta por coronar alcanzo un muro que debo sortear por la izquierda. En este punto debo guardar los bastones, ya que si hasta aquí me han ayudado ahora podrían ser un estorbo. La vista es sobrecogedora. A mis pies y a varios centenares de metros aparecen los Ibones de La Munia. Me da la impresión que podría ponerme a volar desde este punto. Me concentro en lo que estoy haciendo y desemboco en la antecima rayando los 3000 metros. Desde allí veo que la cumbre propiamente dicha se encuentra a unos doscientos metros casi horizontales y en la que se encuentra mi misterioso acompañante. Para llegar a la cima debo atravesar una cresta surcada por vertiginosas canales que no me ofrecen una dificultad especial. Al llegar arriba me encuentro con la persona que había saludado en el parking. Me entretengo un buen rato para fotografiar todo lo que puedo ver. La vista que ofrece este modesto y desconocido tresmil es impresionante, destancando la vertiente norte de las Tres Sorores, es decir: El Soum de Ramond o Pico de Añisclo, El Monte Perdido y el Cilindro de Marboré y las magníficas cumbres que se elevan por encima del Circo de Pineta. Casi a tiro de piedra y hacia el Norte emerge el Pico de La Munia cuyas laderas se hunden en el profundo Circo de Barrosa en el que intento distinguir el Hospital de Parzán. Al Oeste y por debajo de mi posición veo el Chinipró, el Petramula y el Comodoto. Hacia el Noroeste aparece la fantasmagórica Peña Blanca y por detrás el Circo de Troumouse. Aquí arriba el tiempo corre de otra manera y mi desconocido compañero me dice que va a iniciar el descenso. Me parece una idea sensata hacerlo juntos y al rato ya hemos llegado al inicio de la cresta somital. Una vez allí me percato de lo escarpada que es la ladera por la que he subido y no deseando sufrir ningún resbalón adapto el paso a mis rodillas. En este punto mi compañero decide adaptar un paso más ligero por lo que optamos por desearnos suerte y despedirnos. Durante el descenso suelo pasarlo físicamente peor que durante la subida. La abundancia de hitos en medio del caos de piedras por el que paso hace difícil seguir el camino correcto y en más de una ocasión tengo que rectificar. Sin más problemas llego de nuevo al pie de la ladera Sur y pronto alcanzo el camino bien marcado del Collado de Las Puertas.
El calor empieza a hacer mella en mi cuerpo y el agua que llevo comienza a escasear. Espero llegar cuanto antes al fondo del barranco del Clot dels Gavatxos donde esta mañana he visto que bajaba agua. Cuando llego al torrente me percato de que el agua no tiene buena pinta y sensatamente opto por abstenerme de beber. Este ha sido un verano muy seco a lo que se ha juntado el prematuro deshielo de los glaciares y canchales, motivo por el que los torrentes estén secos o contaminados por el ganado. Cuando alcanzo el Puente de Petramula un montañero francés se ofrece a llevarme en coche hasta la borda donde he dejado el mío. Acepto de buen grado. Llego al coche y ya me estoy imaginando la jarra de cerveza fría que me tomaré en la gasolinera de Parzán.




