PICO ORIENTAL DE CLARABIDE 3.012 metros. Estamos a mitad de verano de 2005 y me siento animado para acometer otra ascensión. Tras dudar entre Clarabides y Aragüells me decido por el primero. Hace tiempo que no visito el Valle de Estós y tengo buenos recuerdos de las varias veces que lo he recorrido. Con este propósito llamo al Refugio de Estós para reservar plaza para los días 26 y 27 de Julio. Quiero tomarmelo con calma y aprovechar para recorrer el valle en toda su longitud. Por suerte no tengo problemas con la reserva y el 26 salgo de casa a media mañana con la intención de llegar al refugio a buena hora. Hago una parada en un animado Benasque para tomar algo y pronto llego al Puente de San Chaime sobre el río Ésera donde cojo el desvío hacia el aparcamiento. En ese lugar existe una explanada que hace las veces de parking vigilado por un pastor. Decido dejar el coche en un recodo de la pista a 1.300 metros de altitud y me dispongo para la subida al refugio. Creo que no he empezado a andar a muy buena hora ya que el sol me aplasta contra el suelo y me hace sudar. Menos mal que al poco de andar, el camino cruza el Río Estós por la Palanca de L'Aiguacari y transcurre por zona sombreada. Alcanzo la cabaña de Santa Ana y poco más tarde L'Aigüeta de Batisielles donde me tumbo a la sombra a descansar, arrullado por el sonido del agua. El camino es muy concurrido tanto por montañeros como por turistas ya que es parte del GR-11. La subida hasta el refugio es una preciosa excursión apta para todas las edades. Si algo tiene de malo es que en cualquier momento tengas que apartarte para dejar paso a algún vehículo "autorizado". Reemprendo el camino que va subiendo sin descanso hasta alcanzar un mirador desde donde observo con pavor las profundas Gorgues Galantes. En este lugar se precipita el río Estós formando un barranco siniestro donde la espuma del agua lo envuelve todo. A pocos minutos se divisa el Llano de Turmo donde está ubicada la famosa cabaña del mismo nombre. Cuántos recuerdos, cuántas noches pasadas en su interior, en una época en la que no existía la masificación de ahora, cuando se podía compartir fuego y comida con los pastores. Por encima de este llano se yergue altiva y pesada la mole del Perdiguero que se eleva 1.500 metros sobre los pastos. Me entretengo un buen rato inmerso en mis ensoñaciones hasta que el mugido de una vaca me devuelve a la realidad. Atravieso el llano, cruzo el río y me dispongo a afrontar un tramo del camino que llaman "Rompechulos". Se trata de ganar altura en cortas y fuertes lazadas. Observo que hay una cuadrilla de operarios enlosando el camino y no me extrañaría que pronto pusieran farolas.
Una vez superado el "Rompechulos" ya diviso, un poco más elevado, mi destino de esta tarde: el Refugio de Estós a 1.890 metros. Llego sudado y resoplando. He tardado casi tres horas en subir. El guarda me indica la habitación y la litera que debo ocupar. El refugio no está lleno pero me comentan que por la noche sí lo estará.
Hacía mucho tiempo que no subía hasta aquí y lo veo todo muy cambiado. Hace algunos años fue destruido por un incendio y tuvieron que rehacerlo casi de nuevo. Tiene una zona habilitada donde dejar la mochila y las botas. El comedor es bastante acogedor. Mientras espero la hora de la cena me dedico a dar vueltas por la zona. La comida es muy abundante, al menos para mí. Nunca puedo acabar la comida que dan en los refugios. La calidad es normalita. No sé, creo que podrían esmerarse un poquito más vistos los precios, pero es lo que hay. De todas maneras hay gustos para todo, mucha gente encuentra la comida exquisita. Lo peor del refugio son los retretes. Están fuera del edificio y son insuficientes.
A las 5,30 de la mañana siguiente suena la alarma de mi móvil y despierto a todo el mundo. (desde aquí pido perdón a los afectados). El desayuno normalito y cuando empieza a amanecer me pongo en camino. Paso por detrás de los retretes y de una turbina y me voy dirigiendo hacia la Ball de Gías. Cuando la alcanzo enfilo barranco arriba siguiendo los hitos que tras sucesivos resaltes y mediante cornisas me sitúan en el rellano superior. Desde allí continúo hacia el Norte hasta alcanzar los Ibones Pequeños de Gías a 2.580 metros. Aquí empieza a darme el sol, cosa que agradezco. Por encima de mi cabeza veo la gigantesca mole del Seilh dera Baquo o Xel de la Baca de 3.110 metros en cuya base se vislumbra un pequeño glaciar. El llano donde se encuentran los ibones está tapizado de flores de bonitos colores que amenizan el esfuerzo. Continúo subiendo hasta alcanzar el Ibón Superior de Gías a 2.638 metros desde donde puedo ver con claridad y sobre mí el Pico de Gourgs Blancs y pegado a él la pirámide del Pico Jean Arlaud, ambos de altura considerable. También observo el Puerto de Gías a 2.900 metros que es hacia donde me dirijo y que separa el Pico de Clarabide de la Punta Lourde-Rocheblave. La pendiente es considerable y mantenida y como no hay nieve trascurre sobre piedras sueltas que dificultan la marcha. LLego al collado con la lengua fuera pero más cerca de mi objetivo. Al llegar a este punto la sensación es brutal. Como si hubieran abierto una puerta que permanecía cerrada, el viento arremete con fuerza contra los flancos de este collado subiendo desde las profundidades del Valle de Pouchergues en Francia. El frío no deja que me detenga en este punto y continúo mi ascensión. De momento no me he cruzado con nadie, aunque ayer durante la cena mis compañeros de mesa me dijeron que tenían el mismo objetivo. Tras superar la última pendiente un hito de piedras me dice que no puedo subir más. Estoy a 3.020 metros de altitud y el viento sopla con fuerza. Una enorme masa de nubes proveniente del lado francés empieza a tapar el sol y debo protegerme del frío que hace aquí arriba. Y es una lástima porque el panorama que se divisa invita a la contemplación. A pesar del frío disparo mi cámara con frenesí. Reconozco las montañas que me rodean y las saludo como si de viejas amigas se trataran. Hacia el S.O. se levanta majestuosa la tremenda mole del Pico de Posets o LLardana flanqueado por sus acólitos no menos espectaculares. Hacia el N. se elevan las puntas de los picos Gourdon, Belloc y Spijeoles. Hacia el E. la cresta se eleva hacia el Gourgs Blancs, el Cap i el Xel de la Baca, el Portillón de Oô y el Perdiguero por encima de todos. En la lejanía observo la afilada pirámide del Gran Bachimala o Pico Schrader. A mis pies y muy abajo el Valle de Estós se hunde en sus verdes profundidades. El frío arrecia y aunque voy bien equipado decido iniciar el descenso. Las nubes han cubierto completamente el cielo y amenazan lluvia. Espero que me permitan llegar hasta el refugio. Voy bajando con tranquilidad. Pasito a pasito, mirando muy bien donde pongo los pies. Cuando alcanzo la cubeta donde está el Ibón Superior me encuentro con mis compañeros de cena. Me dicen que han salido tarde y que se quedan en este lugar, sembrado de grandes bloques, para practicar boulder. Me despido de ellos y prosigo mi camino. Sin contratiempos llego al refugio donde saboreo una fría cerveza. He tardado ocho horas y cuarenta minutos y me doy por satisfecho. Paso la tarde holgazaneando, leyendo y conversando con gente que conozco, hasta la hora de la cena. Duermo como un tronco hasta las 8 de la mañana del siguiente día. Esta noche ha habido tormenta y todavía está chispeando. Me espero a que escampe y voy bajando, sin prisas, hasta el coche. Una muy bonita ascensión y un hermosísimo valle que espero volver a visitar.
Una vez superado el "Rompechulos" ya diviso, un poco más elevado, mi destino de esta tarde: el Refugio de Estós a 1.890 metros. Llego sudado y resoplando. He tardado casi tres horas en subir. El guarda me indica la habitación y la litera que debo ocupar. El refugio no está lleno pero me comentan que por la noche sí lo estará.
Hacía mucho tiempo que no subía hasta aquí y lo veo todo muy cambiado. Hace algunos años fue destruido por un incendio y tuvieron que rehacerlo casi de nuevo. Tiene una zona habilitada donde dejar la mochila y las botas. El comedor es bastante acogedor. Mientras espero la hora de la cena me dedico a dar vueltas por la zona. La comida es muy abundante, al menos para mí. Nunca puedo acabar la comida que dan en los refugios. La calidad es normalita. No sé, creo que podrían esmerarse un poquito más vistos los precios, pero es lo que hay. De todas maneras hay gustos para todo, mucha gente encuentra la comida exquisita. Lo peor del refugio son los retretes. Están fuera del edificio y son insuficientes.
A las 5,30 de la mañana siguiente suena la alarma de mi móvil y despierto a todo el mundo. (desde aquí pido perdón a los afectados). El desayuno normalito y cuando empieza a amanecer me pongo en camino. Paso por detrás de los retretes y de una turbina y me voy dirigiendo hacia la Ball de Gías. Cuando la alcanzo enfilo barranco arriba siguiendo los hitos que tras sucesivos resaltes y mediante cornisas me sitúan en el rellano superior. Desde allí continúo hacia el Norte hasta alcanzar los Ibones Pequeños de Gías a 2.580 metros. Aquí empieza a darme el sol, cosa que agradezco. Por encima de mi cabeza veo la gigantesca mole del Seilh dera Baquo o Xel de la Baca de 3.110 metros en cuya base se vislumbra un pequeño glaciar. El llano donde se encuentran los ibones está tapizado de flores de bonitos colores que amenizan el esfuerzo. Continúo subiendo hasta alcanzar el Ibón Superior de Gías a 2.638 metros desde donde puedo ver con claridad y sobre mí el Pico de Gourgs Blancs y pegado a él la pirámide del Pico Jean Arlaud, ambos de altura considerable. También observo el Puerto de Gías a 2.900 metros que es hacia donde me dirijo y que separa el Pico de Clarabide de la Punta Lourde-Rocheblave. La pendiente es considerable y mantenida y como no hay nieve trascurre sobre piedras sueltas que dificultan la marcha. LLego al collado con la lengua fuera pero más cerca de mi objetivo. Al llegar a este punto la sensación es brutal. Como si hubieran abierto una puerta que permanecía cerrada, el viento arremete con fuerza contra los flancos de este collado subiendo desde las profundidades del Valle de Pouchergues en Francia. El frío no deja que me detenga en este punto y continúo mi ascensión. De momento no me he cruzado con nadie, aunque ayer durante la cena mis compañeros de mesa me dijeron que tenían el mismo objetivo. Tras superar la última pendiente un hito de piedras me dice que no puedo subir más. Estoy a 3.020 metros de altitud y el viento sopla con fuerza. Una enorme masa de nubes proveniente del lado francés empieza a tapar el sol y debo protegerme del frío que hace aquí arriba. Y es una lástima porque el panorama que se divisa invita a la contemplación. A pesar del frío disparo mi cámara con frenesí. Reconozco las montañas que me rodean y las saludo como si de viejas amigas se trataran. Hacia el S.O. se levanta majestuosa la tremenda mole del Pico de Posets o LLardana flanqueado por sus acólitos no menos espectaculares. Hacia el N. se elevan las puntas de los picos Gourdon, Belloc y Spijeoles. Hacia el E. la cresta se eleva hacia el Gourgs Blancs, el Cap i el Xel de la Baca, el Portillón de Oô y el Perdiguero por encima de todos. En la lejanía observo la afilada pirámide del Gran Bachimala o Pico Schrader. A mis pies y muy abajo el Valle de Estós se hunde en sus verdes profundidades. El frío arrecia y aunque voy bien equipado decido iniciar el descenso. Las nubes han cubierto completamente el cielo y amenazan lluvia. Espero que me permitan llegar hasta el refugio. Voy bajando con tranquilidad. Pasito a pasito, mirando muy bien donde pongo los pies. Cuando alcanzo la cubeta donde está el Ibón Superior me encuentro con mis compañeros de cena. Me dicen que han salido tarde y que se quedan en este lugar, sembrado de grandes bloques, para practicar boulder. Me despido de ellos y prosigo mi camino. Sin contratiempos llego al refugio donde saboreo una fría cerveza. He tardado ocho horas y cuarenta minutos y me doy por satisfecho. Paso la tarde holgazaneando, leyendo y conversando con gente que conozco, hasta la hora de la cena. Duermo como un tronco hasta las 8 de la mañana del siguiente día. Esta noche ha habido tormenta y todavía está chispeando. Me espero a que escampe y voy bajando, sin prisas, hasta el coche. Una muy bonita ascensión y un hermosísimo valle que espero volver a visitar.
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